"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces...¿para qué sirve la utopía? La utopía sirve para eso, para caminar."

lunes, 7 de abril de 2014

There is always hope


Antonio Armando era un niñito que apenas si sacaba unos palmos del suelo, pero ya tenía clara su vocación desde tan chiquillo : "Yo soy mensajero de los ángeles de allá arriba", decía, y señalaba al cielo. 
Todos los días, desde bien temprano para no ser visto, agarraba su vieja bicicleta y se adentraba en la selva de su ciudad, repartiendo por los buzones algunos garabatos que ni él mismo solía entender. 

"Seguí, seguí, que el túnel termina ya pronto".
"Y si entre todos le damos una patada a esa gastada burbuja gris?"
"Estamos aquí sentados, mirando cómo nos matan los sueños"...y otras cosas que Antonio copiaba de las paredes de Montevideo.

Y Antonio, el mensajero, se sentía feliz. Creía virar el rumbo del mundo él solo, el muy loquito.





Imagen: ¨There is always hope", de Banksy.

miércoles, 2 de abril de 2014

El postre de los dioses.

Dice la leyenda que Viracocha, dios de los Incas y hacedor de todas las cosas, imaginó al principio de los tiempos dos poderosas fuerzas y creó el Sol y la Luna, para guiar los caminos de los hombres. 

El Sol, que iluminaba los días, se enamoró de la Luna y ésta, loca de tristeza por no poder ver refulgir a su amado, perdió fuerza y brillo, y apenas si acertaba a desprender una luz tenue en las noches. Entonces, Viracocha creó las estrellas, para que la Luna no estuviese tan sola.

Y dice la leyenda que, con cada eclipse, Viracocha quiso darnos una lección. Los dioses, esos seres que disfrutan comiendo postre en la eternidad y comentando nuestras andanzas acá en la Tierra, nos enseñaron que para poder amar, aunque sea un ratito, hay que aprender antes a ser uno, a no restarse para poder sumarse.

Y es así como la Luna y el Sol entendieron que sólo cada cierto tiempo podrían amarse arriba, en el cielo, entre un coro de estrellas. Y que mientras tanto tendrían que aprender a caminar solos en la oscuridad infinita del paso del tiempo, esperando ilusionados ese momento mágico en que uno y uno hacen dos.

lunes, 31 de marzo de 2014

Una melodía vieja

A mi me faltan manos, y a ti te sobra ropa, porque vamos a besos por segundo, y no a kilómetros por hora.

Tú, sirena de Neptuno, y yo, que no soy del Atleti, me caigo de las olas. Tú, escuela de calor, y yo, otoño sin su fronda.

A veces me preguntan qué es lo que hay entre tú y yo. Yo contesto que hay un recorrido ciego, una alargada sombra; una canción de amor que crece en un jardín de rosas rojas. Un abismo vacío que recorro de memoria, una ventana de mentira por donde la verdad se asoma.

El amor es como una melodía vieja que suena cada día a una cosa. Tú te aprendes mi estribillo, y yo me invento tus estrofas.